La mano negra en la Torre de las Lavanderas

11 ene. 2016

Vuelvo a la rutina después de estos días de fiesta. La verdad es que ya os echaba de menos, ya me apetecía compartir con vosotros mis descubrimientos sobre Murcia, sus historias, sus paisajes, sus monumentos...

He pensado que para empezar bien el año lo mejor es compartir una historia negra murciana de esas que tanto nos gustan. Agarraos a la silla que hoy la leyenda es terrorífica de verdad, una historia de amor con traiciones, apariciones, exorcismos, miedo vecinal y todo lo demás.

La historia de hoy tiene lugar en una torre de huerta medieval situada fuera del casco antiguo de la ciudad en torno al camino que conducía a la población de Churra, lo que hoy sería el barrio de Vistalegre. Una casa abandonada y en ruinas que era conocida como la Torre de las Lavanderas, un lugar donde los campesinos que vivían alrededor usaban como refugio. La inmediatez del Azarbe Mayor Aljufía que discurre por el subsuelo del barrio hace pensar que cerca de la torre se ubicarían las lavanderas para realizar su oficio y de ahí le viene el nombre a la torre.

Hace muchos años, allá por el siglo XII, un caballero cristiano se enamoró perdidamente de una dama mora. El caballero lo dejó todo por su enamoradaSalió de su casa, abandonó a su familia, renunció a su Dios por la mujer a la que amaba. En su fuga incluso se vio obligado a vivir oculto del mundo, escondido junto a su amor en medio de la vega murciana en el lugar conocido como la Torre de las Lavanderas.

Paisaje de la huerta murciana. Archivo Regional de la Región de Murcia

Tras muchos años de lucha interior, acosado por los remordimientos de su traición un día finalmente se arrepintió de lo que había hecho, pidió perdón a Dios por haberlo rechazado. Volvió entonces a su vida anterior pero a pesar de su arrepentimiento se le impuso un castigo. Tras su muerte padecería los tormentos del fuego eterno hasta que un descendiente redimiese su alma por medio de la oración y la penitencia.


Otoño de 1671

Poco a poco anochece en la huerta murciana, los campesinos vuelven a sus casas tras una dura jornada, las mujeres después de un día intenso empiezan a preparar la cena para alimentar a sus cansadas familias. En las calles se respira tranquilidad, el silencio lo envuelve todo. De repente se escucha un grito lejano, un grito que parece un lamento, un grito que da miedo.

Y así una noche tras otra los vecinos de Churra y alrededores comienzan a escuchar gritos y lamentos en la casa conocida como Torre de las Lavanderas. Los vecinos asustados aseguran que el olor a azufre que desprende la casa es insoportable y que han visto una mano negra salir por una de las ventanas. Una mano que llama a todos los que pasan cerca de la casa.


La mano los llama pero ninguno de los vecinos se atreve a acercarse a la Torre de las Lavanderas, incluso muchos de ellos abandonan sus casas por miedo a aquella macabra aparición. La noticia corre por toda la ciudad como la pólvora, no hay nadie en toda Murcia que no haya oído hablar de la mano negra y de sus apariciones.

Finalmente el Concejo de la Ciudad viendo el nerviosismo y la inquietud que se estaba creando en la ciudad tomó cartas en el asunto. El Concejo pone en manos del Obispado la resolución de este misterioso asunto. El Obispo Don Mateo de Segade y Bugueiro decide comprobar si son ciertos los rumores y envía a nueve frailes a la Torre de las Lavanderas.


Los informes que recibe el Obispo por parte de los frailes no dejan lugar a duda alguna, el mal habita en esa casa. El Obispo decide entonces hacer un exorcismo para liberar los malos espíritus.

El 19 de octubre de 1671 se organiza una procesión desde el Palacio Episcopal hasta la Torre de las Lavanderas. La comitiva va encabezada por una Cruz alzada y ciriales. Tras ellos los Franciscanos de San Diego, los Carmelitas de Santa Teresa, los Jerónimos de la Ñora, los frailes de Santa Catalina del Monte y los Dominicos. A continuación, los Cabildos de párrocos y de la Catedral junto al Obispo, el Alcalde y los regidores de la ciudad, y por supuesto cientos de murcianos que no quieren perderse ningún detalle.


Cuando llegan a su destino la escena es dantesca. Humo, alaridos, olor a azufre y por supuesto la mano negra asomada a la ventana. La mano con uno de sus quemados dedos señala a los presentes. El Obispo manda hacer una fila y uno a uno van pasando por delante de ella para ver si buscaba a alguien en concreto.

Pasa el primer franciscano y le pregunta ¿Me buscáis a mí? A lo que la mano contesta que no. A continuación el siguiente fraile, así uno tras otro hasta llegar al prior de los dominicos Fray Juan Blázquez. El prior como todos hizo la misma pregunta ¿Me buscáis a mí? En esta ocasión la mano negra dijo que sí.

Él era el elegido, el encargado de descubrir que misterio escondía. Antes de entrar en la casa el Obispo lo bendice y le entrega un Lignum Crucis, en ese momento las puertas de la torre se abren y el prior entra.

Pasada una hora Fray Juan Blázquez sale de la casa, el prior está irreconocible, se ha convertido en un anciano. Sacando fuerzas de flaquezas confiesa que le había jurado a la mano negra que nunca revelaría lo que habían hablado allí dentro y a cambio la mano desaparecería para siempre de la Torre de las Lavanderas y de la ciudad.


Fray Juan Blázquez regresó a Santo Domingo y allí cumplió su palabra, nunca más volvió a hablar del tema. Los frailes dominicos lo observaban continuamente sin encontrar nada extraño en su comportamiento, a excepción de su obsesión con las lámparas del Santísimo. Las trataba con mucho cuidado, incluso se levantaba a medianoche para evitar que se apagaran.

¿Sabéis por qué eligió la mano negra a Fray Juan Blázquez? Porque era descendiente del joven renegado y gracias a Fray Juan Blázquez y su perdón el alma del antiguo caballero cesó de sufrir y pudo descansar por fin.

Y hasta aquí la leyenda de la Mano Negra en la Torre de las Lavanderas, espero que os haya entretenido tanto como a mí cuando la descubrí. Para terminar solo deciros que la mano negra, según la tradición, pertenecía a un hereje o preso ajusticiado en la horca que a veces era quemado vivo.

Muchas gracias por estar ahí, nos vemos el jueves con las propuestas para el fin de semana. Sed felices hasta entonces.



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Fuente: La Vega, periódico científico, artístico y literario publicado bajo la dirección de Don Juan López Somalo. Archivo Regional de la Región de Murcia.

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6 comentarios:

  1. Has elegido una historia increíble para tu vuelta a la rutina, como tú dices, gracias por estar ahí y hacernos pasar ratos tan entretenidos!

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  2. Interesante historia. Una vez oi también la del salto de la novia en la carretera que va a Ojós y Ricote, y también hablaba de un moro que se enamoraba de una cristiana y huían en un caballo, en fin, que si tienes ganas de investigar ahí te lo dejo. Un saludico.

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    1. Muchas gracias Paco. Sí esa historia ya la conocía de hecho este fin de semana estuve por esa zona y vi el Salto de la Novia, pronto estará por aquí.

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  3. Respuestas
    1. Muchas gracias Isabel, viniendo de ti es un gran elogio. Un besazo

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Muchas gracias por tu comentario. Me encanta recibirlos y por supuesto en cuanto pueda te respondo.