La Fundación de Medina Mursiya

12 jun. 2015

Esta semana los murcianos hemos estado de fiesta. El martes 9 de junio se celebraba el Día de la Región de Murcia. Un 9 de junio en el que se conmemora el aniversario del Estatuto de Autonomía de nuestra Región.

Pero claro, hasta llegar aquí y convertirnos en una Región con autonomía propia han pasado muchas cosas. Y no me refiero a todos los pasos que tuvo que seguir esta ley hasta que por fin fue ratificada por el Rey. Ni siquiera os hablo de la historia reciente de Murcia, no, nada de eso. Hoy quiero retroceder varios siglos y descubrir cómo se fundó la ciudad de Murcia.

¿Sabíais que la culpable de la fundación de nuestra ciudad fue una hoja de parra? Sí, así a lo loco. Una pequeña hoja de parra que originó un drama mayúsculo y que terminó con un Emir poniendo paz y obligando a construir y fundar una nueva ciudad.


Esta historia comienza en el siglo IX durante el mandato de Abderramán II en una Al-Andalus dividida en coras o provincias. La Región estaba incluida en la Cora de Tudmir y tenía como ciudad fuerte a Orihuela. Una tierra problemática, frecuentemente envuelta en batallas y revueltas por el control de la zona entre otras cosas por la mezcla de población existente, cristianos, muladíes (convertidos al Islam) e inmigrantes de origen yemení.

Y es aquí, bajo este clima político tan convulso donde comienza la leyenda sobre la fundación de Murcia:

Un buen día un joven yemení volvía de recoger agua, decidió que lo mejor para que no se derramara ni una gota sería tapar la jarra. Cogió para tal efecto una hoja de parra de un huerto cercano. Un huerto que pertenecía a una familia muladí. El propietario cuando se dio cuenta de lo que había hecho el joven y más por ser yemení que porque no le gustara este gesto decidió apresar al joven y matarlo.

En cuanto la noticia corrió por el clan yemení, estos decidieron ir a hablar con el jefe muladí y pedir justicia. Pero el muladí desoyó las peticiones del jefe yemení Abusamar, defendiendo incluso lo que había sucedido. Esto desencadenó una cruel lucha entre los dos clanes, que finalizó con la victoria de los yemeníes.

Fue entonces cuando Abderramán II, Emir de Al-Alndalus, decidió intervenir para poner fin a esta barbarie. Envió a su general Yabir Ben Malik con órdenes de detener la lucha entre hermanos. El Emir a través de Ben Malik perdona a los vencedores porque comprende la ofensa recibida pero impone la destrucción de la ciudad para olvidar su triste y sangrienta historia. Además promete respetar la vida de sus habitantes a cambio de su lealtad.

Monumento a Abderramán II

Abderraman les ordena construir una nueva ciudad que se convertirá en la capital de la cora. Una nueva ciudad fuerte, amurallada, con ricos jardines y fuentes, con hermosas mezquitas y poderosos alcázares situada a la vera del río Segura. Una nueva ciudad en la que todas las tribus vivan en paz. Una nueva ciudad que recibirá el nombre de Medina Mursiya. Y así fue como en el año 825 se fundó de la ciudad de Murcia.

Gracias por estar ahí y por supuesto nos vemos por Murcia.



2 comentarios:

  1. Que crispacion había ya entonces, como se ponía la gente por una simple hoja jeje. Un saludico.

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    1. Pues sí Paco, cado uno intentaba defender sus intereses y al final la hoja sería la gota que colmó el vaso.
      Un beso enorme

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Muchas gracias por tu comentario. Me encanta recibirlos y por supuesto en cuanto pueda te respondo.